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La Cúpula de Hierro es el sistema antimisiles desarrollado por el Gobierno de Israel a través de la empresa estatal Rafael Advanced Defense Systems con sede en la localidad de Haifa. La finalidad de este instrumento bélico es interceptar y destruir cohetes y proyectiles lanzados contra la población civil. Actualmente, los misiles tienen un alcance de hasta 70 kilómetros.

Su funcionamiento es sencillo. Cuando el radar del Iron Dome -su denominación en inglés- detecta un proyectil que se dirige a territorio israelí, transmite en cuestión de segundos la información al BMC (Battle Management Center ). En este centro militar de operaciones, los responsables del sistema de defensa analizan los datos disponibles y activan de inmediato el envío de un misil para acabar con la amenaza.

«El sistema multimisión contrarresta eficazmente cohetes, morteros y proyectiles de artillería, así como aviones, helicópteros y vehículos aéreos no tripulados a muy corta distancia», señala la compañía en su página web. Este prodigio de la ingeniería de defensa ha evolucionado en los últimos años y dispone ya de una versión móvil, el I-Dome, y otra naval, el C-Dome.

El portal 20minutos.es informa que este año, el Iron Dome ha cumplido ya en funcionamiento una década, donde ha acumulado más de 2.500 interceptaciones -1.600 solo en los últimos días- y establecido una tasa de éxito superior al 90%. Fue la noche del 7 de abril de 2011 cuando el sistema interceptó con éxito un primer misil lanzado desde la Franja de Gaza hacía la ciudad israelí de Ashkelon, con una población de 130.000 habitantes.

Los enfrentamientos entre los grupos armados palestinos, que lanzaron más de mil cohetes hacia territorio israelí, e Israel, que bombardea intensamente la Franja de Gaza, dejaron al menos 50 muertos y hacían temer este miércoles 12 de mayo una “guerra a gran escala”.

Israel despertó el miércoles con daños considerables que no se veían desde la guerra de Gaza de 2014, con casas, coches e instalaciones petrolíferas destrozadas.

Una violencia que puede suponer “posibles crímenes” y que la Corte Penal Internacional (CPI) anunció el miércoles que quería investigar.

Los ataques aéreos israelíes, los más intensos dese 2014, son según el ejército una respuesta a los “más de mil cohetes” lanzados por varios grupos armados desde la Franja de Gaza hacia Israel desde la noche del lunes.

Hasta ahora los enfrentamientos dejaron al menos 43 muertos en Gaza, entre ellos 13 niños, a los que se suman dos palestinos fallecidos en Cisjordania y cinco israelíes.

Unos 850 cohetes cayeron en Israel o fueron interceptados por el sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro, otros 250 se estrellaron en la Franja de Gaza, informó el portavoz del ejército israelí, Jonathan Conricus.

Hamás lanzo el lunes por la noche una salva de cohetes como gesto de “solidaridad” con los más de 700 palestinos heridos en los enfrentamientos recientes con la policía israelí en la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado del Islam, situado en Jerusalén Este, anexionada por Israel en 1967.

Frente a la escalada, la comunidad internacional hizo un llamamiento a la calma, pero los dos bandos no han dado hasta ahora signos de apaciguamiento.

“Es solo el comienzo”
Israel y Hamás se encaminan hacia una “guerra a gran escala”, advirtió el martes el enviado de la ONU para Oriente Medio, Tor Wennesland.

“Una guerra en Gaza sería devastadora y la gente pagaría el precio” en este pequeño enclave palestino, donde viven dos millones de personas, y que ya sufre de la pobreza y de una tasa de desempleo que ronda el 50%, dijo el diplomático.

El martes por la noche la aviación israelí voló un edificio de 12 plantas en el que tenían sus oficinas altos cargos de Hamás y luego otro edificio de nueve plantas, en el que había un canal de televisión local, viviendas y tiendas.

El ejército dijo que el objetivo era el “jefe de inteligencia militar” de Hamás, Hasan Kaogi, y al “director de contrainteligencia” del movimiento islamista armado, Wael Isa.

Tras los ataques nocturnos, Hamás lanzó una nueva andanada de cohetes, de nuevo contra la ciudad Tel Aviv, pero también “a muchos más objetivos”.

“Todavía hay muchos objetivos en la mira. Esto es solo el comienzo”, advirtió el ministro de Defensa, Benny Gantz, que fue jefe del ejército durante el último conflicto en Gaza en 2014.

Por su parte el primer ministro, Benjamin Netanyahu, aseguró que Hamás “será golpeado de una manera que no se espera”.

“Si [Israel] quiere una escalada, estamos preparados”, dijo el líder de Hamás, Ismail Haniyeh, y pidió a las fuerzas de seguridad que se retiren de la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén Este, escenario en los últimos días de enfrentamientos entre la policía israelí y los manifestantes palestinos que dejaron más de 700 heridos.

¿Tregua?
La violencia se propagó en la noche del martes al miércoles por varias localidades árabes israelíes. La policía detuvo a 21 sospechosos en las violentas manifestaciones de Jisr A-Zarqa y Wadi Ara (norte).

En Lod, al lado del aeropuerto internacional Ben Gurión que suspendió temporalmente los vuelos, las autoridades israelíes decretaron el estado de urgencia tras los “disturbios” de la minoría árabe, según la policía.

Ante la violencia, el Consejo de Seguridad de la ONU celebrará el miércoles otra reunión de emergencia a puerta cerrada, la segunda en tres días, según fuentes diplomáticas.

La primera reunión del lunes concluyó sin declaración común debido a las reticencias de Estados Unidos a adoptar un texto “en este momento”.

Fuentes diplomáticas afirmaron a la AFP que la ONU, con la ayuda de Catar y Egipto, inició una mediación con las partes “afectadas” para lograr una distensión.

Pero el portavoz del ejército israelí, Jonathan Conricus, dijo el martes sobre la mediación: “No creo que mis comandantes estén al tanto de ella ni particularmente interesados”.