septiembre 25, 2021

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En horas de la tarde de este Jueves Santo, sujetos desconocidos asesinaron al oficial del Cuerpo de Policía del Estado Zulia, Carlos Alberto Torres Fernández, de 31 años, con la jerarquía de Supervisor. En el sorpresivo ataque quedó herido su compañero de nombre Eduardo Rojas.

Los hechos ocurrieron en el barrio Guanipa Matos, de la parroquia Venancio Pulgar, del Municipio Maracaibo. Aproximadamente a las 5.30 de la tarde, los efectivos policiales se desplazaban en un vehículo marca Chevrolet, modelo Optra, color plata, placas AA721RV, en compañia de Víctor Yepez, quien los condujo hasta el lugar del hecho presuntamente bajo engaño, donde al parecer recibirían un arma de fuego.

En los resultados que arrojó la investigación, una vez en dicha dirección Yepez consuma la emboscada abriendo la puerta trasera izquierda, mientras que un sujeto desconocido efectúa múltiples disparos contra los efectivos policiales, por lo que las víctimas intentan huir del lugar de los hechos acelerando la marcha del referido vehículo que colisionó a los pocos metros.

En el lugar quedó muerto instantáneamente el Supervisor Carlos Torres, mientras que el Supervisor Eduardo Rojas y Víctor Yepez, resultaron lesionados por lo que descienden del carro y son auxiliados por habitantes del sector que los trasladaron al centro médico más cercano donde fueron intervenidos.

Efectivos del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Crimínalística se apersonó al lugar y recolectó evidencias de interés criminalístico en el sitio del suceso y el móvil del hecho aun esta por determinar.

Rosibel Arriaza, madre de la migrante salvadoreña Victoria Esperanza Salazar Arriaza muerta a manos de policías mexicanos, pidió justicia por el crimen tras el reconocimiento de su cadáver por medio de fotografías este lunes.
«Siento indignación, me siento impotente, me siento frustrada. Yo hubiera querido estar ahí, como madre, pero no. Uno no puede estar en todos los lugares» y ella «no merecía esa muerte», porque «fue un abuso de autoridad», dijo a la prensa.

Recalcó que su hija «ha sido cruelmente ajusticiada por policías en Quintana Roo, México», por lo que «yo pido justicia para mi hija, porque realmente no veo yo una causa justificada» y «pienso que los seres humanos tenemos derecho a la vida, independientemente de lo que haya sucedido en ese momento».

Señaló que «en el área moral estaría más que satisfecha que esos señores pagaran».

Indicó que este crimen dejó en la orfandad a dos adolescentes de 15 y 16 años de edad en México y que «el caso de mi hija lo están comparando con el caso de (George) Floyd, en Estados Unidos», que generó el movimiento Black Lives Matter («Las Vidas Negras Importan»).

Rosibel Arriaza relató que su hija vivía en México, donde trabajaba en el área de limpieza de hoteles, desde hace unos cinco años y que viajó en la búsqueda de mejores condiciones de vida, dado que era «madre soltera».

La familia de Salazar Arriaza llegó este lunes a la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores salvadoreño para reconocer mediante fotografías el cadáver.

La madre de la víctima sostuvo que en el área de Derechos Humanos de la Cancillería les indicaron que «sí nos pueden ayudar a llegar hasta allá (México)» para encontrarse con sus nietas.

Indicó que «supuestamente una niña ya está en custodia del DIF (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia)», mientras que la otra no, porque «siente temor de la Policía» y «piensa que la Policía le puede hacer algo».

Hace un año empezó la investigación contra el exsupervisor indentificado como Luis Lino, jefe de Poliurdaneta, abogado y profesor de la Universidad Nacional de la Seguridad (UNES). Se le acusaba de la desaparición forzosa del estudiante Robert de Jesús Salcedo Espinoza (20). Doce meses después, la investigación termina en un homicidio tras el hallazgo de una osamenta en una granja propiedad del docente universitario y el señalamiento de alumnos de acoso sexual por su parte. Según los estudiantes, les ofrecía cupos en el alma mater “a cambio de favores sexuales”.

Salcedo comenzó una amistad con el docente y ya para inicios de 2020 empezó el proceso de inscripción en la UNES y antes de que arrancaran las clases desapareció, el 3 de marzo de 2020. “No sabemos qué pasó. Su mamá recibió una llamada del acusado diciéndole que se habían ido a Colombia y que mi primo no quería saber nada de nosotros”, detalló, una prima de la víctima.

El docente regresó al país y empezó a llevarle, ocasionalmente, “unos 10 o 20 dólares a la mamá del muchacho. Eso generó más suspicacia en la familia”, acotó uno de los investigadores, quien aseguró que en el acercamiento con la familia de Salcedo, el profesor insistía en que el joven no quería saber nada de ellos y que nunca regresaría.

La investigación en contra del sujeto inició tras la insistencia de la hermana gemela de Salcedo, quien presentía que algo le había pasado a su pariente. Primero iniciaron una búsqueda por Colombia, su hermana residía por allá e hizo las diligencias. Al no tener pistas, acudieron a la Delegación Maracaibo del Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y denunciaron.

La Policía científica citó a otros funcionarios allegados al profesor. Todo indica que este no actúo solo y buscan cómplices en los cuerpos de seguridad.

En la UNES se comentaba sobre las andanzas del docente, pero nunca hubo una denuncia formal de Acosta en contra del ahora detenido. “Sabíamos que se hacía el rudo, el difícil con los nuevos ingresos. Ahora nos enteramos que contactaba a los aspirantes de manera privada para ofrecerles el ingreso a cambio de favores”, comentó un compañero sin dar mayor explicación sobre qué tipo de favores solicitaba el exfuncionario.

El docente regresó al país y empezó a llevarle, ocasionalmente, “unos 10 o 20 dólares a la mamá del muchacho. Eso generó más suspicacia en la familia”

Los Salcedo piden apoyo a las víctimas de acoso, a todos aquellos que recibieron una propuesta indecorosa por parte del docente universitario. Quieren que se haga justicia y que nadie más sufra lo que vivió Robert ni la familia.